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sábado, 20 de julio de 2024

Xhafer Dobrushi; Los puntos de vista antimarxistas de los revisionistas titoístas sobre la nación: Una expresión de su perspectiva idealista y reaccionaria del mundo, 1987

«Como siempre, los revisionistas titoístas continúan afirmando que, supuestamente, han abordado y resuelto la cuestión nacional en su país de una manera marxista-leninista. Por supuesto, no podría ser más falso. Los análisis científicos y materialistas del PTA y del camarada Enver Hoxha de esta peligrosa tendencia revisionista han demostrado que las teorías titoístas y sus prácticas en la nación y la cuestión nacional, como todos sus puntos de vista y posiciones sobre la teoría y la práctica del socialismo científico no contienen nada de proletario ni socialista, se desvían flagrantemente del marxismo-leninismo. Las teorías de los revisionistas titoístas sobre la noción de la nación, que expresa su perspectiva del mundo reaccionaria e idealista, sirven directamente a los intereses de la burguesía chovinista yugoslava. Son intentos de proporcionar una «base teórica» para su política burguesa, nacionalista y chovinista que se implementa en Yugoslavia y que caracteriza todo su sistema de «autodeterminación» capitalista.

La teoría marxista-leninista ha proporcionado y formulado hace mucho un concepto científico y materialista completo sobre la nación. Partiendo de los principios fundamentales establecidos por Marx, Engels y Lenin sobre esta cuestión, de la base de un análisis dialéctico completo del proceso histórico y las condiciones materiales que han llevado a la creación y fortalecimiento de las comunidades sociales y el reemplazo de las comunidades inferiores, como los parentescos y tribus, con otras comunidades superiores, nacionalidades y naciones, J.V. Stalin realizó una definición científica de la nación:

«La nación es una comunidad permanente de personas formada históricamente que ha surgido sobre la base de la comunidad del idioma, territorio, vida económica y formación psicológica, que se manifiesta en la comunidad cultural». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

Esta definición expresa las características más generales y los componentes principales de la nación. La negación de cada una de ellas y los intentos de añadir otros elementos no son más que una desviación abierta de la teoría marxista-leninista de la nación, esfuerzos en vano por encubrir y justificar la persecución de una política no proletaria en la cuestión nacional. Con sus puntos de vista y posiciones prácticas, los revisionistas yugoslavos se han opuesto abiertamente a la concepción y definición científica y materialista de la nación en todos sus aspectos. Tras levantarse contra el concepto marxista-leninista de Stalin sobre la nación y su definición científica, uno de los líderes titoístas y principales teóricos, Edvard Kardelj, se comprometió a hacer una «nueva» definición:

«La nación, como la concebimos actualmente, es un fenómeno histórico, socioeconómico y político-cultural que ha surgido a partir de condiciones definidas de la división social del trabajo». (Edvard Kardelj; El desarrollo de la cuestión nacional eslovena, 1977)

Como se ve, en esta definición Kardelj excluye, no involuntariamente, del contenido de la nación todo lo que caracteriza la esencia de la comunidad nacional. Distorsiona abiertamente el proceso histórico del surgimiento y la consolidación de las naciones, niega su rasgo más general que las caracteriza como comunidades permanentes de personas e ignora elementos tan determinantes como la comunidad del idioma, el territorio y vínculos económicos. Por supuesto, la definición de la nación de Kardelj no carece de propósitos. Es la conclusión de un voluminoso libro que, como dice el propio autor, fue escrito para aclarar y elaborar las bases teóricas del programa nacional de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia (LCY). Encontramos el espíritu antimarxista y anticientífico que impregna esta concepción de la nación de naciones que se encuentra en la base de las teorías de los revisionistas titoístas sobre la cuestión nacional y de la nación.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La cuestión nacional no es una cuestión académica


«Partiendo del hecho de que en el momento presente no existe un serio movimiento popular por la independencia entre los croatas y los eslovenos, Semic llega a la conclusión de que el problema del derecho de las naciones a la separación es una cuestión académica y, en todo caso, no de actualidad. Naturalmente, eso es erróneo. Aun admitiendo que este problema no sea de actualidad en el momento presente, sin embargo, puede convertirse en un problema de mucha actualidad si comienza la guerra o cuando ésta comience, si la revolución se desencadena en Europa o cuando se desencadene. (...) En 1912, cuando nosotros, los marxistas rusos, estábamos trazando el primer proyecto de programa nacional; todavía no teníamos en ninguna de las regiones periféricas del Imperio Ruso un movimiento importante en favor de la independencia. Sin embargo, consideramos preciso incluir en nuestro programa el punto referente al derecho de las naciones a la autodeterminación, es decir, al derecho de cada nacionalidad a separarse y a llevar una vida estatal independiente. ¿Por qué? Porque no sólo partíamos de lo que existía ya plasmado a la sazón, sino de lo que se estaba desarrollando dentro del sistema general de las relaciones internacionales y se avecinaba; es decir, nosotros no teníamos sólo en cuenta en aquel entonces lo presente, sino también lo futuro. Y sabíamos que si cualquier nacionalidad exigía la separación, los marxistas rusos lucharían por conseguir que se le asegurase el derecho a la separación». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a la cuestión nacional en Yugoslavia, 25 de abril de 1925) 

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jueves, 12 de septiembre de 2019

La resolución de la cuestión nacional dentro de los regímenes democrático-burgueses son la excepción no la regla


«Semic quería decir con ello que Lenin consideraba la cuestión nacional un problema constitucional, es decir, no un problema de la revolución, sino un problema que debía ser resuelto con una reforma. Esto es completamente falso. Lenin no padeció nunca, ni podía padecer, ilusiones constitucionales. Basta examinar sus obras para convencerse de ello. (...) En la URSS también tenemos una Constitución, que refleja una determinada solución del problema nacional. Sin embargo, esta Constitución no ha nacido como fruto de un acuerdo con la burguesía, sino como fruto de la revolución triunfante. (...)  Acerca del programa nacional. El punto de partida del programa nacional debe ser la tesis relativa a la revolución soviética en Yugoslavia, la tesis de que, sin el derrocamiento de la burguesía y la victoria de la revolución, el problema nacional no puede ser resuelto de un modo más o menos satisfactorio. Naturalmente, puede haber excepciones. Una excepción de éstas se dio, por ejemplo, antes de la guerra, cuando Noruega se separó de Suecia, cosa de la que Lenin habla detalladamente en uno de sus artículos. Pero esto sucedió antes de la guerra y con una coincidencia excepcional de circunstancias favorables. Después de la guerra, y sobre todo después del triunfo de la revolución soviética en Rusia, difícilmente pueden darse casos como ése. De todas formas, las probabilidades para ello son ahora tan pocas, que pueden considerarse nulas. Pero, si es así, está claro que no podemos trazar el programa basándolo en magnitudes de valor nulo. Por eso, la tesis de la revolución debe ser el punto de partida del programa nacional». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a la cuestión nacional en Yugoslavia, 25 de abril de 1925)

viernes, 6 de septiembre de 2019

El derecho a la separación no debe interpretarse como el deber...


«El programa nacional debe incluir sin falta un punto especial acerca del derecho de las naciones a la autodeterminación, llegando incluso a la separación para formar su propio Estado. Ya he indicado más arriba por qué en las actuales circunstancias interiores e internacionales no podemos prescindir de este punto. Por último, en el programa debe figurar asimismo un punto especial sobre la autonomía nacional territorial para las nacionalidades de Yugoslavia que no estimen necesario separarse. No tienen razón quienes piensan que tal combinación debe considerarse excluida. Esto es erróneo. En determinadas condiciones, como resultado del triunfo de la revolución soviética en Yugoslavia, es bien posible que ciertas nacionalidades, como ha ocurrido aquí, en Rusia, no deseen separarse. Se comprende que, en previsión de tales casos, es preciso tener en el programa un punto referente a la autonomía, con vistas a la transformación del Estado yugoslavo en una federación de Estados nacionales autónomos, sobre la base del régimen soviético. Así, pues, derecho a la separación para las nacionalidades que quieran separarse y derecho a la autonomía para las nacionalidades que prefieran permanecer dentro del Estado yugoslavo. Para evitar equívocos, he de decir que el derecho a la separación no debe interpretarse como el deber, como la obligación de separarse. Una nación puede ejercer el derecho a la separación, pero puede también no ejercerlo, si lo desea así; eso es cosa suya y debe ser tomado en consideración. Algunos camaradas convierten el derecho a la separación en, una obligación, exigiendo, por ejemplo, que los croatas se separen a toda costa. Esa posición es errónea y debe ser desechada. No se debe confundir un derecho con una obligación». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin;  En torno a la cuestión nacional en Yugoslavia, 25 de abril de 1925)

sábado, 31 de agosto de 2019

Acerca de la línea política incorrecta del Politburó del CC del Partido Comunista de Yugoslavia en relación a la cuestión de la lucha de clases en Yugoslavia; PCUS, 1948


«En nuestra carta expresamos que la esencia de la política en torno a la lucha de clases no se comprende en el Partido Comunista de Yugoslavia (PCY), que los elementos capitalistas están fortaleciéndose en las ciudades y en el campo y que los líderes del Partido no están tomando ninguna medida para mantener en jaque a estos elementos capitalistas. Los camaradas Tito y Kardelj niegan todo esto y creen que nuestras consideraciones, que se refieren a un asunto de principios, son insultos hacia el PCY, evitando responder de ninguna manera a la cuestión fundamental. Sus pruebas se sustentan únicamente sobre el hecho de que «se están llevando a cabo reformas sociales consistentes en Yugoslavia». Sin embargo, este hecho carece de importancia. La reticencia de estos camaradas a ver que el fortalecimiento de los elementos capitalistas y, en conexión con ello, la agudización de la lucha de clases en el campo en las condiciones contemporáneas de Yugoslavia, deriva de una opinión oportunista de que, contrariamente a las enseñanzas del marxismo-leninismo, durante el período de transición del capitalismo al socialismo, la lucha de clases no se agudiza sino que se extingue, como ya expresaron otros oportunistas de la talla de Bujarin, que postuló una teoría decadente de la absorción pacífica de los elementos capitalistas en el seno de la estructura socialista.

Nadie podrá negar que las reformas sociales que tuvieron lugar en la URSS después de la Revolución de Octubre tuvieron un éxito general y una consistencia clara con nuestras enseñanzas. Sin embargo, esto no hizo al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) concluir que la lucha de clases en nuestro país se estaba debilitando, ni que ya no existiese el peligro del fortalecimiento de los elementos capitalistas. En 1920-1921 Lenin afirmó que «mientras vivamos en un país de pequeños propietarios existe una base económica más fuerte para el capitalismo en Rusia de lo que la hay para el comunismo», puesto que «la actividad agraria individual, a pequeña escala, engendra capitalismo y burguesía continuamente, cada día, cada hora, espontáneamente y a escala masiva». Se sabe que durante quince años tras la Revolución de Octubre la cuestión de las medidas a tomar para mantener en jaque a los elementos capitalistas y, más tarde, para proceder a la liquidación de los kulaks como la última clase capitalista que eran, nunca se desestimó ni se dejó en el tintero de la agenda de nuestro partido. Subestimar las experiencias del PCUS en cuestiones relativas al desarrollo del socialismo en Yugoslavia consiste un grave peligro, y no puede permitírsele a los marxistas, puesto que el socialismo no se puede desarrollar únicamente en las ciudades y en la industria, sino que también debe ser desarrollado en los pueblos y la agricultura.


No es ningún accidente que los líderes del PCY estén evitando la cuestión de la lucha de clases y de controlar a los elementos capitalistas del campo. Y lo que es más, en los discursos de los líderes yugoslavos no puede encontrarse mención alguna al problema de la diferenciación de clase en el campo. El campesinado se considera como un todo orgánico, homogéneo, y el partido no moviliza fuerza alguna ni hace ningún esfuerzo para superar las dificultades derivadas del desarrollo de los elementos explotadores en el campo.


Por el contrario, la situación política del campo no da motivos para la complacencia. Donde, como en Yugoslavia, no existe la nacionalización de la tierra, donde la propiedad privada de la tierra existe, se venden y compran constantemente sus distintas parcelas, donde grandes trozos de tierra están en manos de los kulaks, donde el trabajo asalariado es gratamente empleado, etc. el partido no puede educarse en el espíritu de camuflar la lucha de clases y de suavizar los conflictos de clase sin desarmarse así mismo en la lucha contra las dificultades de primer orden en el desarrollo del socialismo. Esto significa que el PCY está siendo adormecido por la teoría decadente y oportunista de la infiltración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, teoría tomada de prestado de personajes como Bernstein, Völlmar y Bujarin.


Tampoco es ninguna casualidad que algunos de los líderes más prominentes del PCY se estén desviando de los principios del marxismo-leninismo en la cuestión del rol de vanguardia de la clase obrera. Mientras que el marxismo-leninismo comienza por reconocer este rol clave en el proceso de liquidación del capitalismo y del desarrollo del socialismo, los líderes del PCY son de una opinión radicalmente opuesta. No hace falta más que citar el siguiente discurso del camarada Tito en Zagreb el 2 de noviembre de 1946, publicado en «Borba»: «No le decimos a los campesinos que son el pilar más sólido de nuestro Estado para conseguir sus votos, sino porque sabemos que eso es lo que son y que deberían ser conscientes de lo que son».


Semejante actitud se encuentra en completa oposición con el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo considera que en Europa y en los países de democracia popular es la clase obrera y no el campesinado la clase más progresista y la más revolucionaria. En tanto al campesinado, o, mejor dicho, en tanto a su mayoría –los campesinos pobres y medios– pueden encontrarse en unidad con la clase obrera, mientras que el rol de vanguardia de esta unión lo desempeñe la clase obrera. Por el contrario, el pasaje citado no solo niega que el rol de vanguardia le pertenece a la clase obrera sino que afirma que es el campesinado al completo, kulaks incluidos, la clase que representa el pilar más sólido en la nueva Yugoslavia. Como puede comprobarse, esta actitud es más típica de políticos pequeño burgueses que de marxistas-leninistas». (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética dirigida al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 4 de mayo de 1948)


Anotación de Bitácora (M-L):

Para más información véase los siguientes documentos:


Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 27 de marzo de 1948


Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia»; Kominform, 1948


A dónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito en Yugoslavia; Stalin, 1948

jueves, 14 de marzo de 2019

La curiosa composición del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia en tiempos de Tito

Stalin y Tito

«El Partido Comunista de Yugoslavia se mantiene todavía en una condición de semiclandestinidad no obstante el hecho de que hace ya tres años y medio que está en el poder; dentro del partido no hay democracia, ni elecciones, ni crítica y autocrítica, y el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia se compone en su mayor parte de miembros no elegidos, sino cooptados. (…) Como puede verse en los archivos de la Komintern, en el Vº Congreso del PCY fue celebrado en octubre y no en diciembre de 1940, no fueron elegidos treinta y uno miembros del Comité Central del PCY y diez candidatos, sino que fueron un total de veintidós miembros al Comité Central y seis candidatos. (…) Si, de veintidós miembros, diez fallecieron, esto nos deja doce miembros electos. Si dos fueron expulsados, esto nos deja diez. Tito y Kardelj dicen que ahora hay veintiséis miembros del Comité Central del PCY; entonces, si de estos sustraemos los diez por las causas antes comentadas, esto nos deja un total de dieciséis miembros cooptados en el presente Comité Central del PCY. Con esto se deduce que la mayoría de miembros del Comité Central del PCY han sido cooptados». (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética dirigida al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 4 de mayo de 1948)

Anotación de Bitácora (M-L):

Para más información véase los siguientes documentos:


Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 27 de marzo de 1948

Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia»; Kominform, 1948

A dónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito en Yugoslavia; Stalin, 1948